miércoles, 7 de mayo de 2008

Me presento

Muy buenas,
Me llamo Meridiano, aunque evidentemente no es ese mi nombre. He de mantener el anonimato debido a las que los asuntos que pienso tratar son algo delicados. Después de un tiempo he decidido lanzar mi mensaje en una botella virtual. Soy un poco vago y espero que si alguien tiene la paciencia de leerme no acabe decepcionado por mis ausencias.
No soy una persona importante, ni tampoco tengo estudios superiores que puedan ayudar a plasmar el batiburrillo que tengo en la cabeza de ideas y pensamientos, es por eso que pido disculpas anticipadas por si, de alguna forma, insulto a alguien que detecte mis errores gramaticales y sintácticos.
Empezaré contando una anécdota curiosa;
El otro día, hará cosa de un par de semanas, una señora de aspecto normal entró en mi lugar de trabajo para solucionar un problema. Eso en mi trabajo es normal. Quería denunciar a unos vecinos, debido a que, al parecer, entraban en su casa y le robaban objetos de diverso valor, empero de los daños que provocaban, unos para acceder al lugar, otros por puro capricho.
Al principio no detecté nada extraño, era una mujer de mediana edad, bien vestida y aseada, que parecía tener un raro tic en la mano.
Mientras recogía todos los datos, me llamó la atención el hecho de la seguridad que tenía de la autoría de los hechos y cuando llegué a la pregunta clave de todo el asunto y me disponía a plasmarlo en el papel, cuando mis pulmones se hincharon y mis cuerdas vocales se articularon en la posición idónea para permitir exhalar aire y lanzar un mensaje oral comprensible, no sabía que la respuesta me iba a dejar descolocado, petrificado delante del ordenador. "Señora, ¿cómo sabe que las personas a las que usted denuncia son los autores de los hechos?", lo que la señora, dejando unos segundos y mirándome fíjamente, respondió, "los he visto astralmente".
A partir de ahí todo empezó a desviarse de su recto camino, la señora continuó su absurda historia sobre ladrones teletransportados y extracciones de sangre a través del ordenador, que me dejó sin habla.
No tenía un espejo para verme la cara, porque la señora me preguntó muy educadamente después de su exposición si yo pensaba que estaba loca. Yo, humilde funcionario, le respondí que no era médico ni psicólogo para valorar su estado mental y que si me firmaba el papel donde relataba su insólita historia, me daba exactamente igual.
La señora firmó y después me exigió que se personara un equipo de huellas a su domicilio, petición que imaginará el lector no fue atendida.
Espero que os haya gustado. Puede que alguno le parezca una historia divertida. A mí me lo pareció al principio. Después me di cuenta de que esa persona necesita ayuda y que yo, poco podía hacer.
Un saludo.

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